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EL SUEÑO DE ALEJANDRO MAGNO

Posted by on 25 mayo, 2011

A la edad de veinte años, Alejandro sucedió a su padre, Filipo de Macedonia (336). No sólo había heredado la soberanía de Grecia, sino también el gran proyecto de su padre: el de arrastrar a los pueblos helénicos a la conquista del Imperio Persa. Tras confirmar su poder en Grecia, a la edad de 26, tomó Tiro, Egipto y Babilonia e incendió Persépolis, abandonada por Darío en su huida.

Pasaron sólo tres años, para que condujera sus tropas a las llanuras sofocantes de la India, buscando los límites del mundo. Pero entonces sus soldados, hacedores de innumerables proezas, agotados, se negaron a seguirlo. Se vió entonces obligado a regresar a Babilonia, al corazón de un Imperio inmenso, a la medida de su genio. Allí lo encontró la muerte, tenía tan sólo 33 años. Corría el año 323.

Alejandro era griego de educación. Su preceptor había sido el gran Aristóteles. Leía a Herodoto, Eurípides y Píndaro, y recitaba la Ilíada de memoria. Pero continuaba siendo macedonio por sus tendencias místicas, sus arrebatos, por el furor que lo invadía tras sus excesos y que lo convertía en alguien capaz de todo, desde lo más sublime hasta lo más vil.

Creía ser un Dios. En su infancia, su madre, Olympia, le repetía que era descendiente de Aquiles, de Heracles, del mismísimo Zeus. Su grandeza no se debía solamente a su ciencia militar incomparable, a su fogosidad, a la desmesura de sus ambiciones. Más aún que por sus conquistas, fue grande por la empresa que acometió: la fusión de Occidente y Oriente, dos mitades de un mundo fragmentado.

Cuando pisó el suelo de Asia, clavó en ella su lanza en señal de posesión. Allí no humillaría a los “bárbaros”, sino que intentaría aproximarlos al mundo griego. Fue por eso que contrajo matrimonio con princesas asiáticas, y obligó a sus oficiales y soldados a tomar por esposas a mujeres persas, en bodas gigantescas. Treinta mil niños fueron educados a la griega.

Pero el imperio mundial no sobrevivió a la muerte de su fundador. Sus generales se lo disputaron en el curso de ásperas luchas, haciendo repartos sucesivos: el Egipto de los Tolomeos, el Asia Anterior de los Selçéucidas, la Europa de los Antígonos, subsistieron como jirones de un Imperio desmembrado. Pero la semilla griega se había expandido. Del Egipto al Turkestán, fueron fundadas ciudades que difundieron el helenismo y que fueron a la vez influidas por la cultura oriental.

 

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