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LUCHA POR LA SUCESIÓN PRESIDENCIAL ARGENTINA EN 1886.

Posted by on 27 julio, 2012

 

Tras la primera presidencia de Roca (1880/1886), se inició la lucha por la sucesión presidencial en Argentina. Los tres principales postulantes ocupaban  posiciones centrales en la administración pública: Bernardo de Irigoyen, como Ministro del Interior, Dardo Rocha, como Gobernador de la provincia de Buenos Aires y Miguel Juárez Celman como ex gobernador de Córdoba e influyente senador nacional. La “campaña” siguió los lineamientos acostumbrados en el sentido que cada candidato trató de volcar en su favor las situaciones provinciales, a la par que obtener el respaldo del presidente y del partido oficial para su candidatura. Fíjense ustedes que en esas épocas de democracia restringida, fraude y exclusión política, poco importaba ganarse el voto del ciudadano, ya que las elecciones se “ganaban en otro lado” (nota del autor). ¿Qué ocurrió?…

Esta reiterada monotonía se vió fugazmente interrumpida por la gira de Bernardo de Irigoyen al Interior del país, la primera de este género realizada en la Argentina. A pesar de los informes optimistas suscriptos por sus partidarios, la gira sirvió para convencer a don Bernardo de Irigoyen de cuan adversas le eran las situaciones provinciales fuertemente consolidadas. La puja se decidió bien pronto a favor del candidato que mejor representaba las aspiraciones de la coalición que en 1880 había llevado a Roca al poder. Miguel Angel Juárez Celman tenía entre sus manos seguras cartas de triunfo.

En primer lugar, lo respaldaban incondicionalmente la Liga de Gobernadores y los nuevos grupos provinciales que habían surgido como consecuencia de la expansión roquista. La  progresista gobernación realizada por Juárez en Córdoba era toda una garantía de que continuaría y aceleraría la política económica iniciada por su predecesor. En segundo lugar,  con la importante excepción de Buenos Aires, controlada por Rocha, contaba con el apoyo del  Partido Autonomista Nacional; inclusive en el nuevo distrito federal la maquinaria del PAN optó por Juárez. Por último, las simpatías del presidente estaban también de su lado. En nuestra opinión, sin embargo, este último factor no tuvo la trascendencia que le dieron los contemporáneos (como diría Sarmiento refiriéndose al parentesco entre Roca y Juárez: “triunfará el marido de la hermana de la mujer de Roca”). Dada la sagacidad política de Roca parece difícil pensar que hubieran prevalecido en él este tipo de consideraciones, como no prevalecieron cuando sucesos posteriores provocaron una brusca ruptura entre ambos políticos. Los bastiones de Juárez fueron principalmente  las situaciones provinciales y el partido oficial. Y parece difícil suponer que Roca podía haberse opuesto exitosamente a tan poderosa coalición de intereses. Es indudable, sin embargo, que tanto el presidente como el Congreso aportaron su grano de arena. La segunda etapa del proceso electoral fue directamente consecuencia de la primera. Los candidatos derrotados unieron sus fuerzas a la por entonces muy débil oposición al régimen. La figura más sobresaliente de dicha oposición era el general Mitre, cuyo partido se hallaba sumamente debilitado luego de los sucesos del 80; aún prestigiosos dirigentes del Nacionalismo habían abandonado el partido para incorporarse al juarismo. En esta situación Mitre había decidido dar su apoyo a la candidatura del doctor Gorostiaga, ex convencional del 53, proclamada por los grupos católicos. La incorporación de los partidarios de Rocha e Irigoyen a las filas de la oposición iba a reabrir la cuestión de las candidaturas.

Mitre había rechazado anteriormente a Rocha e Irigoyen: al primero por los que consideraba poco edificantes manejos en el gobierno de  Buenos Aires, al segundo porque su pasado rosista, a 34 años de Caseros, lo hacía sospechoso ante los ojos del austero fundador de la nueva Argentina. En consecuencia hubo que designar un candidato de transacción que no despertara recelos a mitristas, rochistas, irigoyenistas y católicos. La elección recayó en la opaca figura de don Manuel Ocampo. Como era de prever, la fórmula Juárez – Pellegrini fue electa por una mayoría apreciable: 168 electores contra 32 de Ocampo y 13 de Irigoyen.

Fuente: Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, Historia Argentina 5, LA REPÚBLICA CONSERVADORA, Paidós, Bs. As., 2a reimpresión de la 2da edición, 2012,  págs. 74 a 76.

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