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FEINMANN y el SENTIDO FINAL de la FILOSOFÍA

Posted by on 19 diciembre, 2013

José Pablo Feinmann, en La astucia de la razón, donde revisa toda la Filosofía de la Historia, de Hegel a Sartre, de Marx a la izquierda peronista, intenta develar el sentido de la Filosofía. Transcribo aquí parte del camino recorrido por el autor, buscando respuestas, en síntesis, filosofando…

La acción transcurre en noviembre de 1965, cuando cuatro amigos, compañeros de estudios, se reúnen en Mar del Plata. Todos venían de cursar Historia de la Filosofía contemporánea. Ellos eran, Pablo Epstein –el protagonista de la historia- Pedro Bernstein, Ismael Navarro y Hugo Hernández. ¿Cuál es el sentido final de la Filosofía?, preguntó Ismael. Quien primero recogió el guante fue Pedro.

“Existe una frase que resume, absolutamente para mí, y creo que para todos nosotros, el problema del sentido final de la filosofía. Y no es casual, creo, que ese sentido haya sido expresado por una frase, quiero decir, por una sola frase y no por un libro entero. Porque creo que esto debe ser así: que el sentido final de la filosofía, por tratarse, precisamente, de un problema tan complejo, debe poder ser expresado por una sola frase. Esa frase para mí … la escribió Marx… en Bruselas en 1845… Esa frase (continuó) fue la frase de un hombre joven. Fue la frase de un joven filósofo revolucionario (Marx tenía 27 años)… ese texto es la última de las Tesis sobre Feuerbach. Y pone en pie a la Filosofía. La pone, diría, en pie de guerra. Le quita su inocencia. Su mezquina pretensión de saber incontaminado. Y la compromete con la realidad a través del único modo legítimo en el que el saber puede relacionarse con lo real: en el modo de la transformación. Esa tesis de Marx, que ustedes no desconocen, es poderosa por su sencillez, por su sintaxis perfecta, por su verdad violenta y revolucionaria. Esa tesis, lo que en ella se dice, desperftó conciencias, llevó a los hombres y armarse contra la injusticia, cambió el mundo. En suma, mis queridos amigos, y perdonen si he hablado de más, la frase que expresa, para mí, el sentido final de la filosofía, la escribió Karl Marx, en Bruselas en 1845 y dice: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

… No bien Pedro Bernstein hubo terminado su relato, el relato en el que respondía la pregunta que Ismael Navarro había lanzado como un guante, decidió él, Ismael navarro, responderle.

“Creo, dijo, que la respuesta de Pedro ha sido, si no original ni sorpresiva, al menos certera… Sin embargo, esa frase no hace justicia con los filósofos que lo precedieron a Marx… porque fue construida por Marx a través de una contradicción… me refiero a la contradicción que el hombre barbado que leía a Adam Smith y a David Ricardo en el British Museum establece entre la interpretación del mundo y la transformación del mundo. Tal contradicción, no es tal… porque, dijo Ismael Navarro, la interpretación del mundo no se contradice con la transformación del mundo… porque nadie puede transformar el mundo si antes no lo ha interpretado… Marx  fue calamitosamente injusto con los filósofos que lo precedieron porque… Marx deseaba ser un filósofo fundacional. Porque así como dijo que la violencia era la partera de la Historia, dijo, también en esa frase, en la última de las Tesis sobre Feuerbach, que él era el partero de una nueva figura de la filosofía: la figura del filósofo transformador. Tal era su ambición y, si se me permite, diré: tal era su vanagloria… Marx fue calamitosamente injusto porque estos, insisto, eran heroicos filósofos, que no sólo interpretaron al mundo, asimismo se jugaron el cuerpo al hacerlo… metieron el cuerpo tanto como metieron las ideas…. Si estos filósofos hubieran sido tan interpretativos, tan contemplativos, tan escasamente incómodos, tan escasamente insalubres para las sociedades en las que pensaron y en las que metieron el cuerpo, ¿hubieran sido entonces tan tenazmente perseguidos como lo fueron?… Sócrates quiso enseñarles a sus discípulos que por la filosofía uno se muere, que con las ideas uno también se juega el cuerpo, la vida… Aristóteles durante el último año de su vida debió huir de Atenas para no correr la suerte de Sócrates, para no pagar por su cuerpo el precio de sus ideas… Giordano Bruno fue reducido a cenizas por el Vaticano, Kant dejó de escribir durante quince años por temor al poder… Voltaire fue perseguido y encarcelado, Spinoza padeció la vejatoria condena del rabino jefe de Amsterdam, Condorcet y Lavoisier fueron sugeridos a la guillotina”… Aquí Ismael Navarro expresa la frase que para él resume el sentido final de la Filosofía: “La Filosofía es la praxis del conocimiento de lo real, que implica, necesariamente, la praxis de su transformación. La Filosofía es la aceptación de ese riesgo. El riesgo de subvertir lo real por medio de la conciencia y de la acción. La Filosofía, en resumen, caballeros, es la riesgosa aventura de transformar la realidad, comprometiendo, en tal empeño, no sólo las ideas, sino también el cuerpo”.

¿Interesante contrapunto, no?.

Feinmann, José Pablo, La astucia de la razón, Buenos Aires, 1990.

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