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EDUCACION y MODERNIDAD III. El saber y la posmodernidad.

Posted by on 21 enero, 2010

por Alejandro Héctor Justiparán

La economía de mercado que rige nuestras vidas, llegará aun más lejos que la economía de mercado mundial anterior a la Primera Guerra Mundial.     Pero la “sustancia” de la economía mundial de mercado ha cambiado, es ahora el capitalismo de la información lo que la domina. Hoy se produce y distribuye saber en lugar de productos. Cualquier industria tradicional que haya logrado crecer en las últimas décadas, lo ha hecho porque se reestructuró en torno del saber y la información. Los únicos –o por lo menos los principales- productores de riqueza son la información y el saber (para muestra, pensemos en Bill Gates).

El saber no resulta barato. Todos los países desarrollados gastan algo así como una quinta parte de su Producto Bruto Nacional en la producción y difusión del saber. La escolaridad regular se lleva alrededor de una décima parte del PBN (2 % antes de la Primera Guerra Mundial). Las organizaciones gastan otro 5 % del PBN en cursos de formación para adultos para sus empleados.

“La formación del saber es ya la mayor inversión en cualquier país desarrollado. Con certeza, el retorno que un país o una empresa recibe del saber será cada vez más un factor determinante de su competitividad. De forma creciente, la productividad del saber será decisiva en su éxito económico y social y en su rendimiento económico global”.[1]

La revolución tecnológica está ya invadiendo la educación; dentro de unas décadas habrá transformado la manera en que aprendemos e, inclusive más, el modo en que enseñamos. La escuela, está ya muy dentro de una revolución tecnológica tan profunda como la que aportó la última innovación de importancia para el aprendizaje, el libro impreso, y su progresión es mucho más rápida.

En un reportaje publicado a mediados de este año[2], Alvin Toffler, el hombre que logró predecir algunas de las principales características del fin del siglo XX y del comienzo del XXI, advierte que varias de las instituciones básicas de la sociedad han sido superadas por la realidad, y pronostica el fin de la revolución digital. En el tope de su ranking de la obsolescencia, Toffler menciona con preocupación el sistema educativo, porque -sostiene- las escuelas de hoy fueron pensadas hace 200 años para las fábricas de la Revolución Industrial y no preparan a los jóvenes para la nueva economía. «Sin instituciones públicas de avanzada no puede haber desarrollo económico avanzado».
An te el interrogante acerca de cómo debería ser la educación del futuro, respondió:  -La escuela debe dejar de simular la fábrica para simular el futuro. Hay que aprender para el mañana y pensar en la educación más allá de la escuela. Los conocimientos de los                             chicos de hoy sólo en una pequeña parte son aportados por la escuela. Por lo tanto, más gente debe participar del sistema educativo y los medios deben motivar para la educación.

A pesar de estos supuestos,  la tecnología, por importante y manifiesta que sea, no será el elemento más importante en la transformación de la enseñanza y la escuela que tenemos por delante; será el pensar de nuevo el papel y la función de la escuela y la enseñanza, su contenido, su enfoque, su propósito, sus valores.

“El auténtico reto que nos espera  no es, la tecnología, sino para que la utilizamos (…), hasta ahora, ningún país cuenta con el sistema educativo que la sociedad del saber necesita. Nadie, hasta ahora, conoce todas las respuestas, pero sí podemos plantear las preguntas. Podemos definir, aunque sólo sea de forma muy esquemática, las pautas para que enseñanza y escuela puedan responder a las realidades de la sociedad poscapitalista, la sociedad del saber”.[3]

Modernidad y Posmodernidad

En mi introducción señalé la relación existente entre escuela, sociedad y modernidad, y las fracturas propias de la modernidad y sus consecuencias en la educación. Para poder entenderlas, creo necesario caracterizar a esta época y también a la que muchos señalan como consecuencia directa de su fracaso, la posmodernidad, con la que convivimos a diario.

q                  Consideremos a la posmodernidad como a una edad de la cultura (Lyotard)

q                  Escuela secundaria: institución que se debate en una crisis profunda.

q                  El cambio parece ser el denominador común de las últimas décadas.

q                  Para entender esos cambios vamos a plantear el corte, o el enfrentamiento Modernidad – Posmodernidad.

q                  La posmodernidad sería la cultura que correspondería a las sociedades posindustriales, sociedades que se habrían desarrollado en los países capitalistas avanzados a partir de los años 50 sobre la base de la reconstrucción de posguerra.

q                  La modernidad va a elaborar una concepción más bien antropocéntrica, para la cual la autentica vida es la terrenal; los tiempos modernos darán progresivamente más importancia a la observación y la experimentación que a cualquier autoridad. Con la Reforma protestante y las guerras de religión del siglo XVII, se da paso a una concepción que busca establecer normas universales fundamentadas racionalmente. Los requisitos de racionalidad y universalidad se complementan.

q                  El siglo XIX: críticas y replanteos de las ideas de la modernidad, es la época de la consolidación del desarrollo industrial.

Las ideas de posmodernidad

1) En una primera aproximación y considerada negativamente, la edad de la cultura que llamamos posmodernidad sería, la época del desencanto, del fín de las utopías, de la ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la idea de progreso.

El desencanto se produce porque se considera que los ideales de la modernidad no se cumplieron.

“El proyecto de la modernidad apostaba al progreso, la modernidad, preñada de utopías, se dirigía hacia un mañana mejor. Nuestra época, desencantada, se desembaraza de las utopías”[4].

Lyotard, por su parte, denomina a los proyectos de la modernidad, como “grandes relatos”. Uno de los grandes relatos es de origen hegeliano: la historia humana es concebida como la marcha del espíritu hacia la libertad. Otro de los grandes relatos es el de la emancipación de los trabajadores y la lucha por la sociedad sin clases (marxista). Un tercer gran relato, de origen positivista, promete un mundo de bienestar para todos basado en el desarrollo de la ciencia y la industria. Según Lyotard, todos los grandes relatos han entrado en crisis.

El pensamiento y la acción de los siglos XIX y XX están dominados por la idea de la emancipación de la humanidad; de esta fuente surgen todas las corrientes políticas de estos últimos siglos, estos ideales están en declinación en la opinión general de los países llamados desarrollados.

2)     La posmodernidad no sería un proyecto o un ideal más, sino, por el contrario, lo que resta de la crisis de los “grandes relatos”.

3)     El “reciclaje” que recupera el pasado es típicamente posmoderno, otra tendencia es el predominio de lo ornamental y lo escenográfico.

4)     “No lo diga, muéstrelo” es la consigna. La multiplicación de las imágenes puede producir saturación en los receptores y condenar a las imágenes a una vida efímera; no están destinadas a perdurar, sino más bien a provocar un impacto y orientar una conducta.

5)     La publicidad, que mueve millones de dólares, se torna omnipresente, es aceptada como arte.

6)     Vale la pena señalar que la escuela, en general, permanece al margen de esta revolución en las comunicaciones que implican los medios e ignorante de la cultura de la imagen en la que se encuentra, a pesar de que sus alumnos, los jóvenes, son los mayores consumidores de esa cultura de la imagen. La escuela podría jugar un gran rol en la formación de competencias para clasificar, ordenar, interpretar, jerarquizar y criticar el tan fluido y caótico mundo de imágenes y palabras en el que vivimos.

7) En la cultura posmoderna se acentúa el individualismo hasta el nivel del egoísmo, en un proceso de “personalización”. Al individualismo lo acompaña la ausencia de trascendencia.

8)     Más que nunca antes, la consigna es mantenerse joven, no somos el alma, sino el cuerpo.

9)     Mientras la modernidad exaltaba el ahorro, ahora se estimula el crédito; para la cultura posmoderna soy lo que tengo.

10) “Valores hedonistas, culto a la liberación personal, al relajamiento, a la expresión libre, es decir, que priva una nueva significación de la autonomía”[5].

11) La “2º revolución individualista”[6], ha arrasado con valores, virtudes e instituciones que habían surgido en la “edad democrática autoritaria” y triunfa en cambio el libre despliegue de la personalidad íntima, con el derecho a la expresión sin límites y a vivir una sexualidad en la que ya no hay tabúes.

12) En el otro extremo, críticamente, el francés Alain Finkielkraut[7], se halla lejos de aceptar a la sociedad posmoderna como la de la realización de la libertad, dice “ya no se trata de convertir a los hombres en sujetos autónomos, sino de satisfacer sus deseos inmediatos, el individuo posmoderno, ha olvidado que la libertad era otra cosa que la potestad de cambiar de cadenas, y la propia cultura algo más que una pulsión satisfecha”.

13) Lipovetzky resume asía la sociedad posmoderna: “…es aquella en que reina la indiferencia de masa, en que la autonomía privada no se discute, se disuelven la confianza y la fe en el futuro, ya nadie cree en el porvenir radiante de la revolución y el progreso, la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven y no ya forjar el hombre nuevo.”

Para él, la sociedad posmoderna es la era del vacío en la que los sucesos y las personas pasan y se deslizan, no hay lugar para la revolución, ni para fuertes compromisos políticos, la sociedad es como es y la idea de cambiar radicalmente a la misma no se le ocurre a nadie.

14) Para Finkielkraut en el egoísmo posmoderno el individuo sustituye su razón por sus pulsiones.

15) La modernidad había inventado la ciencia y le había consagrado un lugar fundamental en la sociedad por sus promesas de llegar a la verdad y lograr un mundo mejor. La actitud posmodernista es la aceptación de la ciencia, validada por sus aplicaciones tecnológicas, pero despojada de los ideales de verdad y progreso.

16) Otra área fuertemente conmovida por la irrupción de las ideas de posmodernidad es la historia; si no hay lugar para la utopía de un futuro distinto, ¿puede todavía seguirse hablando de la historia humana como un proceso abierto, o es más razonable pensar que los países desarrollados han llegado a una especie de poshistoria, en la que nada significativamente nuevo es dable esperar?. En 1989, Francis Fukuyama escribió que la democracia liberal de estilo occidental habría quedado sin rivales a la vista y la historia política de la humanidad habría llegado a su fin. No habría, según Fukuyama, un modelo social con pretensiones de representar una forma diferente de organización de la sociedad humana (no es este ahora el tema de discusión, prometo hacerlo en una nota posterior).

Esta clausura de la historia con el presunto triunfo mundial de la democracia liberal plantea también una clausura de los ideales de la modernidad, aceptando la condición posmoderna como un estado definitivo de la humanidad.

Jameson sostiene que el posmodernismo niega la historia, o considera que ya estamos en la poshistoria con el propósito de negar un futuro distinto y legitimar el presente.

SER ADOLESCENTE EN LA POSMODERNIDAD

A pesar que la adolescencia no es nuestro específico tema de estudio, entiendo que una caracterización  que señale las diferencias entre su perfil moderno y posmoderno,  resultaría importante a fin de comprender mejor dicho proceso.

Mi hipótesis es que se genera un fenómeno particular con los adolescentes en la medida en que la posmodernidad propone a la adolescencia como modelo social, y a partir de eso se adolescentiza a la sociedad misma.

Alain Finkielkraut identifica lo adolescente con lo no verbal, ubicado en el hemisferio derecho del cerebro, donde también asienta la fantasía, la creatividad, la imaginación. El hemisferio izquierdo, sede de la racionalidad, el lenguaje, ha perdido terreno sobre todo en la comunicación entre los jóvenes. «La adolescencia ha dejado o está dejando de ser una etapa del ciclo vital para convertirse en un modo de ser que amenaza por envolver a la totalidad del cuerpo social.»

En la modernidad se aspiraba a ser adulto, la infancia se consideraba una especie de larga incubación en la cual nada importante ocurría, en la que el afecto y la contención venían de los padres y permitían reunir un caudal educativo y afectivo que facilitaba enfrentarse con lo importante de la vida, la vida adulta. La niñez se vio revalorizada desde el psicoanálisis cuando describió la génesis de la normalidad o la neurosis justamente en etapas tempranas de desarrollo. Es posible que el péndulo haya quedado, a partir de entonces, inclinado hacia el niño pequeño.

Hoy los adolescentes ocupan un gran espacio, y la escuela secundaria los ve pasar sin tener en claro que hacer con ellos. Aparece socialmente un modelo en el que se supone que hay que llegar a la adolescencia e instalarse en ella para siempre. Define una estética en la cual es hermoso lo muy joven y hay que hacerlo perdurar mientras se pueda.

El adulto deja de existir como modelo físico, se trata de ser adolescente mientras se pueda y después viejo; no sólo se toma como modelo el cuerpo del adolescente, también su forma de vida.

Perfil de un adolescente moderno

Hubo un tipo de adolescente moderno descripto como un individuo que vivía una crisis, inseguro, introvertido, una persona en busca de su identidad, idealista, rebelde dentro de lo que el marco social les permitía. Los adolescentes de por sí constituían un grupo marginal. Para estos adolescentes era muy difícil tolerar la disciplina que se le imponía en su formación.

La rebeldía tenía una forma particular de expresarse a través de la identificación con o de la imitación de figuras admiradas, proceso constitutivo de la propia personalidad.

En lo relativo a su desarrollo intelectual, el adolescente fue estudiado y descripto por Piaget de esta manera: existe un egocentrismo intelectual en la  adolescencia, comparable al egocentrismo del lactante que asimila el universo a su actividad corporal y al egocentrismo de la primera infancia que asimila las cosas al pensamiento naciente.

Esta es la edad metafísica por excelencia, el egocentrismo metafísico de la adolescencia encuentra paulatinamente su corrección en una reconciliación entre el pensamiento formal y la realidad; el equilibrio se alcanza cuando la reflexión comprende que su función característica no es contradecir sino preceder e interpretar a la experiencia.

La brecha generacional

Para Erik Erikson, el adolescente era fundamentalmente alguien en busca de su identidad. El adolescente que crecía se encontraba con una generación adulta y se entrenaba peloteando contra ella, mejorando sus tiros, conociendo su propio estilo, sus errores y sus virtudes en el juego.

Rebelarse, confrontar, buscar su propia síntesis era la tarea de la adolescencia. La creación de un conflicto entre las generaciones y su posterior resolución es la tarea normativa de la adolescencia. Su importancia para la continuidad cultural es evidente. Sin este conflicto no habría reestructuración psíquica adolescente.

La adolescencia era entonces un momento de grandes cambios y consecuentes pérdidas, el proceso de enfrentamiento generacional era inevitablemente doloroso.

¿Qué fue de las ideologías?

La conformación de una ideología, parecía ser una tarea estructurante en la adolescencia. Debía construir un sistema de valores, una ética propia, consciente; esa ideología creada o recreada por cada adolescente era, para Erikson, constituyente de la propia identidad. “La institución social que hemos denominado ideología es la guardiana de la identidad…de esta manera, la adolescencia constituye un regenerador vital en el proceso de la evolución social.

No olvidemos que la adolescencia sólo puede comprenderse en relación con el medio y el momento en que se desarrolla.

Creemos que la cultura posmoderna que los rodea encarna aquellos conflictos que habían sido descriptos para su grupo etario, características que no le permiten al adolescente entrar en conflicto con el medio ni con los adultos que lo sostienen. ¿Puede este marco permitir que la personalidad termine de integrarse o la dejará inmadura, con mayor labilidad a futura patología?.

Pastiche del adolescente de la posmodernidad

En el año 68 Stone y Church presentaron una taxonomía de la adolescencia, describiendo varios tipos de adolescentes:

q       Los convencionalismos: que nunca pusieron en duda seriamente los valores adultos y cuyo principal objeto en la vida es adaptarse a  la sociedad tal cual es.

q       Los idealistas: aparecían como el tipo clásicamente descripto de adolescente rebelde, se sienten profundamente insatisfechos con el estado del mundo. Dentro de este grupo los autores encontraban en los EE-UU tres subtipos.

a)      Los reformadores: miembros de los movimientos pacifistas y derechos civiles.

b)     Los hippies: se diferenciaban por no buscar un trabajo social sino apartarse de la sociedad en busca de la realización personal.

c)      Los hedonistas transitorios: los que llevan al extremo el papel de adolescentes, convirtiéndolo en su estilo de vida. Se sienten ajenos al mundo adulto, pero en vez de combatirlo quieren dejarlo atrás.

d)     Los hedonistas permanentes: difieren de los anteriores porque su apartamiento de la sociedad es más deliberado y puede prolongarse toda la vida.

Este último grupo apenas esbozado, por entonces, parece haber saltado desde ese oscuro lugar a un primer plano. Así hoy, el modelo social apunta fuertemente al de hedonista permanente.

La desaparición del sujeto individual, y su consecuencia formal, el desvanecimiento progresivo del estilo personal, han engendrado el pastiche.

El pastiche, el “como sí”, el plagio, sería el resultado de la desaparición de la individualidad. La identidad individual era considerada una síntesis producto de identificaciones parciales y elaboración propia. El pastiche, en cambio, significa “ser como si fuera otro”, la imitación directa sin elaboración propia, sin estilo personal.

Los jóvenes no sienten necesidad de rebelarse, no ven a sus padres como personas muy diferentes de ellos, no tienen problemas en ponerse de acuerdo respecto a una convivencia razonable, encuentran que están de acuerdo con la educación que recibieron y que la pondrían en juego con sus propios hijos, no sienten una “brecha generacional”.

Para Dolto la rebeldía ha sido suplantada por indiferencia, incomunicación. “El problema es más bien la neutralización de las relaciones, el no-intercambio…considero que esta neutralidad pasiva es quizá más grave que los conflictos violentos entre las generaciones”. Ella dice que el amor y el odio han sido suplantados por la indiferencia, esto significa un aplanamiento de los sentimientos, y en esa planicie se esfumó la brecha generacional.

Nuestros adolescentes en la posmodernidad

Este es un resultado de un estudio realizado por un grupo de investigadoras del CONICET. Se destaca en el mismo, que en boca de los propios interesados se descalifica el conflicto adolescente.

q       La sexualidad: todos los encuestados manifiestan tener información sobre la sexualidad, un 30% manifiesta haber tenido relaciones sexuales; ninguno hace comentarios espontáneos sobre la homosexualidad (el 72% la considera una enfermedad). Los padres son quienes mayoritariamente hablan con sus hijos  de la sexualidad.

q       La afectividad: definen al primer amor como a un vínculo breve, superficial, exhibicionista.

q       Modelos de identificación: El 47% respondió que no admiraba a ninguna persona; si generaciones anteriores tomaban ya como modelo a los actores y actrices, esto sigue ocurriendo. El fin del siglo XX no propone modelos individuales sino colectivos, pronostica el culto a la agrupación y la vuelta de la lucha por las grandes causas ligada a asociaciones humanitarias.

q       Vínculo con los padres: si bien hay un cuestionamiento de los adolescentes con respecto a lo cotidiano de la vida familiar, no lo hay respecto a valores básicos de los padres, lo cual es coincidente con los datos de otros estudios.

CONCLUSIONES

La posmodernidad ha llegado y con ella la incertidumbre. La realidad actual es la de una institución escolar en crisis, que tal vez sea útil en el futuro, pero estéril en el presente. La cultura de la escuela moderna se centra en el conocimiento, en la disciplina, el control, la lentitud. La escuela posmoderna profesa afectos, relaciones sociales, diversidad, rapidez, autopistas del saber. Cómo acceder a esta nueva configuración cuando aún no se ha realizado la utopía del Estado social, cuando todavía se cree que mediante la educación tal como está se saldrá de la crisis.

Autores como J. Sancho (1996) señalan que el volumen de información se dobla cada 10 años y un 90 % de lo que un niño tendrá que dominar a lo largo de su vida todavía no se ha producido, mientras la escuela pivota en torno a disciplinas establecidas hace un siglo.

¿Cuándo comenzó la debacle educativa?. Aunque la escuela no ofrece en la actualidad una experiencia vital que permita a los jóvenes responder con éxito a los desafios del mundo contemporáneo; aún no generando una cultura apropiada para enfrentarse a la aceleración de los tiempos posmodernos, jamás institución alguna podrá suplantar su matriarcado.

Si bien es cierto que no ha sido posible hermanar la práctica con la teoría, y las secuelas son evidentes en el proceso de deterioro de nuestra sociedad, no se puede negar el papel primario que cumple la escuela, su esencia se mantiene, está allí, falta desenterrarla y amoldarla al pensamiento actual, combinar lo mejor del modernismo y el postmodernismo en función de una pedagogía crítica. Al respecto, Silvia Braslavsky señala que una persona es crítica  cuando utiliza consistentemente saber general, pero explicitando la relación entre los fenómenos y las conexiones que ligan los hechos o las situaciones generales, particulares de un conjunto de hechos y situaciones históricas determinadas. Estas características permiten evitar el dogmatismo. Este es uno de los fines a los que debe apuntar la escuela, y entonces el desfaseje con los tiempos que corren no será tan abismal.

Hoy, las políticas neoliberales no apuntan a la formación de alumnos críticos, potencian a través de sus medidas la inserción del ciudadano en esta economía globalizada, desigual y elitista.

El sistema educativo y las escuelas se reestructuran en base a tres principios centrales: eficiencia, modernización y equidad. Eficiencia para buscar mayor productividad con menor costo, modernización para readaptar los contenidos escolares a las nuevas exigencias del mercado laboral y Equidad para compensar los efectos desigualadores “no deseados” del modelo económico.

Ante estas propuestas “economicistas”, creo que en el conocimiento está la llave. Es necesario incorporar el conocimiento; si hoy el nuevo conocimiento avanza sobre todas las profesiones es una necesidad más apremiante aún para los sectores más desposeidos. Debemos rescatar la creatividad y el estímulo afectivo dentro de la escuela, porque así se mejorará el aprendizaje. Trabajo y estudio como disciplina deben ser reestablecidos. Y por último, debemos afianzar nuestra cultura, no enfrentándolas con las demás, sino rescatando su esencia.

La escuela pública no debe incrementar la desigualdad, en esta sociedad del conocimiento, si este se distribuye injustamente, entonces estaremos incrementando la desigualdad a la que queremos combatir.



[1] DRUCKER, Peter, “La sociedad poscapitalista”, Cap. 10, “El saber: su economía, su productividad”. Página 154.

[2] Este artículo fue publicado en el diario La Nación, en la edición correspondiente al día domingo 2 de julio de 2000.

[3] DRUCKER, Peter. Op. Cit. Página 163.

[4] DIAZ, Esther ¿Qué es la posmodernidad?.

[5] LIPOVETZKY. (Desde una perspectiva de moderada defensa).

[6] La primera sucedió durante la modernidad, había significado la emancipación del individuo del sometimiento al medio familiar o social.

[7] A.FINKIELKRAUT “La derrota del pensamiento”.

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