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ORGANIZACIÓN NACIONAL, CAUDILLOS, LEGITIMIDAD DEL SUFRAGIO, en una charla con Ignacio García Hamilton.

Posted by on 27 marzo, 2010

Hace unos años, era oyente de un programa radial de historia, en el que debatían Pacho O`Donnell, Felipe Pigna e Ignacio García Hamilton. Continuación de un programa televisivo, este envío trataba temas históricos desde diferentes miradas. En una oportunidad, al tratarse el tema de la organización nacional, escribí al correo del programa, disintiendo con la postura de Hamilton, hecho que me ocurria casi siempre, seguramente debido a su interpretación liberal de nuestro pasado. No sólo respondió a mi crítica sino que tambien la extendimos a través de varios correos. Fallecido en junio del pasado año, publico sus opiniones para demostrar que se puede disentir sin agraviar y sin descalificar al otro.

22/09/2002

Estimados amigos: nuevamente los felicito por el programa, creo firmemente en la discusión sobre temas históricos como disparador hacia discusiones acerca de esta agobiante realidad que hoy padecemos. En un mail anterior, le sugerí a Pacho un debate acerca de las diferentes corrientes historiográficas en nuestro país, entendiéndolo como un eje alrededor del cual pueden aparecer otras tantas problemáticas interesantes, les transmito ahora a ustedes la sugerencia. Me parecería también positiva la invitación de relevantes figuras del ambiente académico, como solían hacerlo en el programa televisivo. Me permito además, realizarle una pequeña sugerencia a García Hamilton, en cuanto a que aquellos argumentos que utiliza para sostener sus ideas y para criticar a  aquellas que no comparte, a veces suelen ser las mismas, cayendo en algunas contradicciones. Hoy por ejemplo criticaba la falta de legitimidad de los caudillos en sus provincias por no haber sido elegidos mediante el voto, y acto seguido justificó el sistemático fraude de algunas de nuestras preclaras figuras del panteón nacional, diciendo: «No había  pureza de sufragio… pero había un sufragio». Entiendo que la total asepsia y objetividad en historia es utópica, tampoco se la pediría, pero me parece que su argumentación pierde validez con tales contradicciones. Soy profesor de Historia y suelo utilizar la grabación de sus programas en algunas de mis clases de secundario. Los resultados son muy buenos porque abren el debate y les permite a mis alumnos el conocer las diferentes perspectivas y aristas que tiene la historia, fomentando además su espíritu crítico. Nuevamente los felicito, atentamente, Alejandro H. Justiparán Don Bosco (Quilmes)

22/9/2002

Gracias, Alejandro, por los mails, criticas y sugerencias. En cuanto a la contradicción, no me parece tal: durante la guerra de la independencia y el caudillismo, en general (y muy en especial en algunas provincias, como Santiago, que ni siquiera tuvo Sala de Representantes) no hay elecciones. Estas son esporádicas y no sistemáticas. Dictada la Constitución en 1853 comienza la renovación de los gobernantes mediante el sufragio, aunque este no fue completo ni puro. Con la vigencia de la Ley Saenz Pena a partir de 1912, se completa el programa alberdiano de democracia plena, el que lamentablemente se interrumpe en 1930.

23/9/2002

Estimado José: agradezco profundamente el que se haya tomado la molestia de contestar mi mail, lo que demuestra que el respeto que manifiestan tener por sus oyentes, es real. Conozco la situación por la que atravesaban las provincias en cuanto a su organización institucional y a la falta de sufragio en las mismas.

A lo que yo me refería, es que tanto en un caso como en el otro, estamos en presencia de gobiernos con -por lo menos- una legitimidad cuestionable. El hacer hincapié en las miserias de los caudillos, sin reconocer suficientemente la gravedad de las miserias de las elites gobernantes, me parece que desdibuja la crítica o que por lo menos la hace cuestionable. Muchas gracias por la respuesta y nuevamente lo felicito por el programa. Alejandro Justiparán

25/9/2002

Estimado Alejandro: Fue un placer haber mantenido este intercambio de

ideas. No resisto la tentación (a raiz de su ultimo mail) de comentarle que

también el caudillo pertenecía a una «elite gobernante», dado que generalmente

era un ex oficial de la guerra de la independencia que basaba su poder en la

fuerza de la montonera (es decir un grupo de origen militar), a la que solía

retribuir con el derecho al bandidaje. A principios del siglo XX, los escritores nacionalistas nos convencieron de que los caudillos eran «pueblo»

elegidos por las lanzas y los gobernantes posteriores a la Constitución (todos los presidentes, aun de grado militar como Urquiza, Mitre o Roca al cumplir su mandato de seis años dejaron la presidencia hasta 1930) el «antipueblo» o la «antipatria». Con ese desprecio por la democracia del sufragio (aun imperfecta como lo fue hasta la ley Saenz Pena de 1912) no es extraño lo que nos paso como país desde 1930 en adelante. Un cordial saludo de JI

Estimado José: Puedo reconocer en sus expresiones, la misma  vehemencia con la que discute en su programa, y la celebro porque me parece genuina y no una postura mediática como en algún momento pensé.  No ha sido mi intención el plantear una discusión referida a los caudillos, y no porque no me parezca interesante, sino porque este no me parece el medio adecuado.

De todas maneras, insisto en que es esa misma vehemencia la que parcializa en demasía su opinión, fustigando a los destinatarios de sus críticas, a la vez que relativizando los errores de aquellos próceres, prohombres de nuestra argentinidad a los que defiende. Con respecto a “los escritores nacionalistas que nos convencieron de que los caudillos eran pueblo”, entiendo que se refiere a los historiadores revisionistas, de los que le recuerdo que asignaban a la historia una función tan maniquea como los historiadores liberales o de la “Nueva escuela” (aunque con el significado contrario).

Creo que dicha polémica no ha hecho más que perjudicar el normal desarrollo de una disciplina a la que le debió tocar mejor destino

Reconozco el conocerlo sólo a través de su participación en los programas históricos, y no a través de sus libros como debería. A tal fin tengo en mis manos  su obra “Cuyano alborotador”, que leeré a la brevedad, para luego enviarle mi humilde opinión. Nuevamente agradezco mucho que se haya tomado la molestia de escribirme y de intercambiar opiniones conmigo.

Será hasta otra oportunidad, la que sin duda no ha de faltar, tratándose de Historia. Mañana, como todos los sábados, me tendrán como seguro oyente.

Un afectuoso y cordial saludo, Alejandro.

Perdon, Alejandro, por mi vehemencia que a veces linda con la agresividad. 

Acaso se debe al pesar que siento estos dias por ver el riesgo de que nos deslicemos de nuevo a aventuras populistas y/o totalitarias, lo que me torna muy irritable. Cordialmente, Jose Ignacio.

Domingo 6/10/02

Estimado José, no tiene porque disculparse. En ningún momento sentí que fuera usted agresivo conmigo, si vehemente, lo que no me parece mal. Uno debe saber defender con vehemencia sus ideas, y usted lo hace muy bien.Que yo disienta en algunos temas, no significa que no valore sus argumentaciones.De eso se trata la Historia, de diferentes interpretaciones. Y sólo de la discusión de las mismas puede surgir alguna verdad (relativa por supuesto).Nobleza obliga, en el anterior programa (el dedicado al falso inca), estuve por completo de acuerdo con usted. Su amigo Pacho cometió -para mí- el mismo error que yo le señalé a usted, cuando intentó justificar a toda costa la conducta de dicho personaje, al amparo de la figura que él le asignaba de caudillo.No coincido con él, no creo que haya sido un caudillo, sino un mentiroso que sí supo aprovechar muy bien la coyuntura planteada, engañando a propios y a extraños. Y con respecto a su similitud a algún político actual, sólo se me ocurre compararlo con Menem (con perdón de Pacho).Por último, comparto con usted su misma preocupación, con respecto a un futuro gobierno totalitario y populista (aunque deberíamos definir bien que entendemos por populista). Esperemos que este bendito país despierte de una vez. MIENTRAS TANTO, CADA UNO EN LO SUYO DEBE REALIZAR SU HUMILDE APORTE. En esta semana asistí a una charla de Felipe Pigna, y coincido con él que la educación es una de nuestras últimas trincheras en esta lucha.Le mando un fuerte abrazo, hasta otra oportunidad.            Alejandro.

 Mis mas sinceros respetos, al escritor, historiador, diputado y periodista José Ignacio García Hamilton. Abogado, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, profesor, García Hamilton -Coché, para los íntimos- había terminado recientemente su último libro sobre la vida de Juan Domingo Perón, el que se sumaría a títulos de su autoría como Vida de un ausente, sobre Juan Bautista Alberdi; Cuyano alborotador, sobre Domingo Faustino Sarmiento; Don José, acerca de José de San Martín; Simón, vida de Bolívar, y Por qué crecen los países, entre otros títulos.

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