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LA ESPAÑA ILUSTRADA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII. Reformas de Carlos III. Parte II

Posted by on 27 septiembre, 2010

Carlos III

La utilidad  pública es la meta sagrada, la meta única de Jovellanos, el único móvil de su obra escrita, lo mismo que de su actividad y su conducta. Saben igualmente que la cultura nueva liberará a su país de sus cadenas espirituales, del yugo aplastante  de la filosofía escolástica, del principio de autoridad que se ríe de los hechos y de la razón. Y esta convicción,… es lo que explica que poco a poco se haya venido a considerar esa cultura como un servicio del Estado, y ha venido a ser una “cultura dirigida”.muchos españoles estiman que la cultura debe estar dirigida por el poder central y que no puede confiarse a la iniciativa privada e individual. Es imprescindible, en efecto, esta “autoridad suprema” para llevar a cabo felizmente el desarrollo de la “ilustración” general que debe conducir a la felicidad pública.

Pero hay otro argumento –y es el más importante- que se invoca a favor de la cultura dirigida. Recordando los desórdenes que agitaron a Madrid… los españoles “ilustrados” juzgan que la difusión de la cultura, al engendrar la felicidad, conjurará el espectro de estas revueltas populares cuyas consecuencias son imposibles de prever. No desean de ningún modo una revolución radical…

EL PROBLEMA DE LA ENSEÑANZA Y LA EDUCACIÓN.

El medio más eficaz y rápido de dirigir la cultura nacional es la reforma de la enseñanza. Los únicos colegios de algún valor son los de los jesuitas. Una cosa está fuera de duda: que esta enseñanza no atiende de ninguna manera a las realidades que preocupan al Rey y a sus ministros. Se explica así que los profesores jesuitas, tan bien vistos en la corte de Fernando VI, se hagan sospechosos muy pronto a Carlos III.

En los primeros tiempos del nuevo reinado los profesores de las facultades no tienen la menor relación con el poder central. La independencia de los maestros universitarios es su privilegio esencial… Así pues, Carlos III acudirá a profesores laicos, o a religiosos que no sean jesuitas. A pesar de todo, la reforma no empezará antes de 1770, pues la enseñanza sólo viene a ser un “servicio público”,… después de los graves acontecimientos que precedieron a esa fecha… El más importante de ellos es, sin duda alguna, la expulsión de los jesuitas.

Inquieto, como los gobernantes franceses y portugueses, por esa falta de adhesión a la corona y por la influencia terrible de Roma, Carlos III expulsa en 1767 a aquellos que reciban sus directivas de fuera de España. Los dominicos parecen reemplazar a los jesuitas en los favores oficiales.

… podemos darnos cuenta de cómo, durante los años 1767-1771, Carlos III y sus ministros trabajan activamente en la reforma de la enseñanza. La cuestión de los jesuitas, considerada en su aspecto político y en su aspecto pedagógico, y el afán de consolidar la autoridad real siguen siendo el centro del problema y explican su sentido.

La “reforma” de la enseñanza superior no podía olvidar a los “Colegios Mayores”,…

Es fácil ver los progresos que se realizaron durante la segunda mitad del siglo XVIII. En el momento en que Carlos III sube al trono, la educación nacional no se considera como un servicio público. En la organización y la distribución de las escuelas y colegios reina la mayor anarquía. Sólo los establecimientos de los jesuitas tienen una unidad de doctrina y de métodos. En cuanto a las Universidades, son orgullosamente independientes y se aferran a su tradición escolástica. Hacia 1770 es cuando se hace el primer esfuerzo por poner algo en orden en la maquinaria… Los principios esenciales reclamados por los reformadores –obligación gubernamental de difundir la instrucción; enseñanza gratuita y uniforme; vigilancia del Estado- ganan más y más terreno y acaban por quedar consignados oficialmente en las ordenanzas de 1807 y 1809. En esta época la enseñanza tiende a ser servicio público y la autoridad del Estado comienza a ejercerse sobre las universidades lo mismo que sobre las humildes escuelas de aldea.

EL PROBLEMA DEL RÉGIMEN POLÍTICO

Durante el reinado de Carlos III, no parece haberse planteado en forma aguda el problema del régimen político. Para ellos la soberanía radica en el monarca.

Esta actitud se manifiesta muy bien en los días en que estalla la rebelión de las colonias inglesas de América del Norte. Mientras en Francia la opinión pública favorece apasionadamente a los insurrectos,… la insurrección norteamericana no parece interesar a los espíritus españoles sino en la medida en que puede abatir o reducir el poderío de Inglaterra.

El gobierno español se decide al fin a entrar en la guerra al lado de Francia; lo que quiere es sobre todo lanzar un golpe contra el poderío británico y borrar el vergonzoso tratado de 1763… Pero España no se compromete a fondo. Una consideración de interés nacional se lo impide: el aliarse formalmente con los insurrectos, ¿no sería dar a sus propias colonias de América la idea de reclamar a su vez la independencia?

Por la España de fines del siglo XVIII circula una vigorosa corriente regalista. Este regalismo es la afirmación de la autoridad real, plenamente aceptada por todos.

El año 1793 estuvo señalada  por dos acontecimientos capitales que pusieron fin a ese período de “curiosidad” de la opinión española frente a la Revolución francesa: el proceso y la ejecución de Luis XVI, y la declaración de guerra a España, hecha por la Convención.

CONCLUSIÓN

En el campo político, no es el régimen lo que atacan, sino la intromisión de Roma, que ha desposeído de su autoridad a la monarquía, a la cual quieren restablecer en sus derechos.

En el campo religioso, distinguen entre la fe y la Iglesia, entre la religión y sus ministros. El derecho de pensar libremente y de no sacar las opiniones sino de la razón, se detiene, para casi todos, en el reino de la fe… España expulsó a los jesuitas ultramontanos,… pero no por ello se puede hablar de ateísmo. Los excesos de la Revolución francesa alarmaron en tal medida a su gobierno y a los propios reformadores, que éstos parecen haber suspendido todo progreso. Sin embargo, la simiente está echada y prosperará: prueba de ello son las Cortes de Cádiz.

Editado y resumido de:

Jean Sarrailh, LA ESPAÑA ILUSTRADA, De la segunda mitad del siglo XVIII.  Fondo de Cultura Económica, México 1957.

DATOS BIOGRÁFICOS, consultar en:

http://historiaescepticos.blogspot.com/2009_09_01_archive.html

IMAGEN: De Anton Raphael Mengs – [2], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18635661

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