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LENIN y la CUESTIÓN NACIONAL

Posted by on 27 agosto, 2021

por el Prof. Alejandro H. Justiparán

Las consecuencias palpables de la expansión imperialista del siglo XIX y la Gran Guerra –entonces en curso- motivaron el escrito de Lenin El Imperialismo, etapa superior del capitalismo en 1916. De su contexto también formaba parte la polémica desatada con la socialdemocracia europea acerca de la cuestión nacional. En primer término, Lenin describe el desarrollo del sistema capitalista, que ha llegado a una nueva fase, la del imperialismo capitalista. La libre competencia, que había sido una de sus características distintivas, dio lugar a la concentración de producción y de capital, favoreciendo la conformación de monopolios, el “perfecto contrario de la libre competencia”.[1]

En la interpretación de Lenin, el monopolio es la transición del capitalismo a una fase superior, así como la expansión colonial se extiende hacia el reparto y la entrega del mundo a la dominación monopolista. Uno de los factores más importantes de este proceso es la preminencia del capital financiero por sobre el productivo. La exportación de capitales es fuente de los más grandes beneficios, aún por encima de los obtenidos por el comercio exterior. Lenin caracteriza a esta situación como la “esencia del imperialismo y del parasitismo imperialista”.[2] El mundo se divide así en países deudores y países acreedores. Estos últimos, los “Estados rentistas”, como Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica y Suiza, obtienen excelentes beneficios a expensas de los países deudores, no sólo a través de la exportación de capitales, sino también a partir de las condiciones desiguales del intercambio comercial que sus monopolios administran. En palabras de Lenin, logran “sacar al buey dos cueros”.[3] Paradójicamente, Inglaterra, el clásico modelo estudiado por Marx, pasa de ser un Estado industrial a transformarse en uno acreedor, y su proletariado –destinado a la revolución- se encuentra cada vez más aburguesado.

La “inevitabilidad” de un mundo organizado bajo la lógica del imperialismo capitalista, penetra ideológicamente en el proletariado, partícipe del “festín del mercado inglés sobre el mercado mundial y colonial” (Engels, 1882). Entre otros, estos son los riesgos que Lenin observa en esta etapa transicional del capitalismo. Su mirada no es compartida por sus pares de la Internacional Socialista, de ahí su crítica y sus refutaciones a lo manifestado por el teórico marxista Karl Kautsky, quien sostenía que el momento histórico descripto por Lenin no era una fase del capitalismo, sino una etapa política preferida por el capital financiero.

Pero el capitalismo es gestor de muchas contradicciones, y en ellas será posible encontrar el germen de su caída. Lo demuestran así los movimientos independentistas que resisten el dominio del capitalismo imperialista. La creación de Estados Nacionales surgirá como un imperativo de libertad económica y cultural.[4] En esta coyuntura, resurge y cobra vital importancia el debate por la cuestión nacional. Aquí es donde Lenin defiende su posición frente a Rosa Luxemburg y a Otto Bauer. La dirigente marxista polaca cuestionaba el derecho de las naciones a la autodeterminación, un objetivo al que caracterizaba como utópico y carente de practicidad.[5] Bauer, considerado como uno de los máximos exponentes del austromarxismo y dirigente del ala izquierda del partido, entendía a la autodeterminación sólo como una aspiración cultural y administrativa.

Para Lenin, la postura de Bauer era una concesión al nacionalismo, contradictoria al internacionalismo. Para él, la cultura nacional no era otra cosa que la cultura dominante de la burguesía mientras que la cultura del proletariado no podía ser sino internacionalista.[6] Con respecto a Luxemburg, la refuta sosteniendo que no estar a favor de la autodeterminación de los pueblos, sólo favorece a la nación opresora. Sostiene que el análisis de la dirigente polaca es estrictamente economicista al subordinar inexorablemente a todas las naciones al capital monopólico. Lenin, sin negar la importancia de la dependencia económica, sostiene que las reivindicaciones políticas y el derecho a la autodeterminación son aún en ese contexto posibles de realizarse. A una Nación debía corresponderse un Estado, y esto debía estar fuera de toda discusión.

El imperialismo monopólico era entonces una expresión del desarrollo capitalista, su natural consecuencia y también su negación. La exportación de capitales, la expansión y ocupación territorial y el crecimiento del parasitismo no debían quitarle centralidad a la cuestión nacional dentro de la estrategia revolucionaria.

Oriente, Asia y África eran el escenario de luchas por la liberación nacional, oportunidad que el socialismo no podía ni debía dejar pasar. “El observador cuenta los árboles, pero no puede ver el bosque”[7], el objetivo que no debe perderse de vista, es el de  atacar el capitalismo.

Bibliografía

  • Lenin, Vladimir Ilich, El imperialismo como etapa superior del capitalismo, 1916, versión UNTreF Virtual
  • Eidelman, Ariel, Lenin y el debate de la socialdemocracia sobre la cuestión nacional (1912/1916), Instituto de investigaciones Gino Germani. Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Buenos Aires 2012

[1] Lenin (1916), pág.1. UNTreF Virtual

[2] Ibídem, pág.7

[3] Ibídem, pág.16

[4] Ibídem, pág.18

[5] Eidelman (2012), pág.5.

[6] Ibídem, pág.4.

[7] Lenin, op. Cit. Pág.22.

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